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Comparativo entre la Pareja ideal y la Pareja Real

Comparativo entre la Pareja ideal y la Pareja Real

Antropológicamente, los seres humanos son por excelencia seres sociales. El instinto de supervivencia hace que las personas vivan en comunidades y desarrollen sociedades. La célula de la sociedad es la familia, y el punto de inicio de la familia es la pareja.

A diferencia de otras especies, el ser humano ha desarrollado su capacidad de pensamiento y con ella, su complejidad a nivel de relaciones interpersonales. Los seres humanos desarrollan su personalidad, preferencias y decisiones por medio de vivencias y aprendizajes que quedan en el plano consciente y el inconsciente.
Los individuos tienden a debatirse entre un “yo real”, un “yo ideal” y un “yo perfecto”.

El “yo real” es aquel que se proyecta hacia los demás y con el cual otros lo identifican como una persona en particular.
El “yo ideal” es aquel considerado por el individuo como la mejor versión de sí mismo. Esta imagen está influenciada por la cultura y los aprendizajes adquiridos a través del tiempo, de tal manera que evoluciona dependiendo del medio ambiente y los conocimientos adquiridos por el individuo.

El “yo perfecto” es la imagen que se anida en el inconsciente. Dada su ubicación, el individuo no puede acceder a ella de manera voluntaria, pero si puede sentir sus efectos sobre su yo real y su yo ideal. La satisfacción personal obtenida en cualquier esfera jerárquica de la sociedad depende en una parte importante de este yo perfecto, pues lo que para un individuo puede significar un éxito rotundo, para otro puede ser solo un escalón en su concepción de éxito.
Esta interacción constante entre estas 3 concepciones es lo que permite que un individuo diste del otro y sea único. De igual forma, permite una serie de afinidades con otros individuos y como resultado, la asociación de individuos con los mismos intereses.

Dentro de estas mismas asociaciones, se entra en relaciones más personales e íntimas: las relaciones de pareja. Al igual que con el resto de decisiones y preferencias, escoger pareja esta también influenciado por las 3 concepciones nombradas anteriormente.

Durante el ejercicio de la psicología, puntualmente dentro del estudio y tratamiento de relaciones de pareja, surge una duda común; ¿Cuál es la razón por la cual un individuo decide formar una pareja y una familia con otro determinado individuo?
Aunque la respuesta más superflua seria la atracción física, es necesario ahondar en el tema para responder este interrogante de manera satisfactoria.
Un individuo puede pasar por varias relaciones de pareja durante su existencia. Cada relación representa un aprendizaje y un ajuste a la concepción de su yo real y su yo ideal. Sin embargo, la falta de autoconocimiento lo puede llevar a repetir situaciones poco constructivas que no le permitirán evolucionar respecto a la forma de elegir a su pareja.

En la adolescencia, el yo perfecto es quien tiene la mayor influencia en el ámbito de escoger pareja, pues el yo real y el ideal están aún en construcción. Dado que el yo perfecto está construido sobre bases culturales e ideales reproductivos, las primeras atracciones están fuertemente influenciadas hacia los prototipos de belleza y poder que aseguren un posicionamiento jerárquico en la sociedad, una reproducción exitosa y la protección de las crías.

El cerebro primitivo le indica a los hombres que las mujeres más atractivas son aquellas cuyo cuerpo está más desarrollado, principalmente, pechos y caderas prominentes, y a las mujeres que los hombres más atractivos son los más fuertes, ya sea física, monetaria y/o con mayor liderazgo. En conclusión, son más atractivos las mujeres más aptas para la reproducción y los hombres más aptos para el cuidado de las crías. Como en cualquier otra especie, se compite constantemente para quedarse con la pareja más apta para la perpetuación de la especie.

El ser humano a diferencia de otras especies, adiciona a las características anteriores factores culturales tales como los modelos de belleza, los símbolos de éxito, los roles según el género, y finalmente, una personalidad afín al modelo aprendido por observación dentro de la familia y la sociedad del propio individuo.
Otro factor que ha marcado la construcción de un ideal de pareja ha sido el avance en la tecnología y las telecomunicaciones. Algunos aprendizajes no se hacen de manera directa como en otras épocas, sino que puede ser adquirido por medio de la televisión, el cine y otros medios de comunicación. El amor romántico y perfecto creado por la industria de animación Disney marcó de manera significativa el concepto de pareja de muchos de los hoy adultos contemporáneos.

En las historias animadas, se determinaban roles como el de que una mujer debía ser frágil y femenina, como las princesas, y los hombres debían ser protectores y guerreros, como en el caso de los príncipes. Una vez superados todos los obstáculos de las historias, el final se resumía en un matrimonio feliz para siempre.
En este tipo de modelo, no existen factores externos a manejar tales como las dificultades económicas, la enfermedad, la presión social ejercida por la familia, la infertilidad, y otro abanico de posibilidades que se presentan en una relación real.



En la actualidad, muchos filmes para niños han cambiado los modelos clásicos de roles para dar paso a personajes más humanos, con una variedad de características más definidas por la personalidad que por el género. Tal es el caso de películas infantiles en las que las mujeres pueden ser guerreras y los príncipes pueden ser feos pero de buen corazón.

Los conceptos adquiridos durante la infancia pueden afectar de manera negativa o positiva el ideal de pareja no solo durante las primeras experiencias, sino también durante el resto de la vida. Cuando la fantasía y el idealismo toman el control y no le permiten al individuo desarrollar sus propios conceptos, éste carecerá de las habilidades necesarias para superar las dificultades propias de cualquier interacción humana, incluyendo la búsqueda y establecimiento de una relación de pareja. De ahí la importancia de enseñar a los individuos la diferencia entre la realidad y la fantasía.

Para los individuos que afrontan la adolescencia actualmente, los modelos de pareja ideal están influenciados por todo tipo de programas, algunos poco constructivos, en los cuales es más importante ser hermoso que tener comportamientos adecuados y asertivos. Muchos programas realistas o reality shows muestran personajes con muy buena apariencia pero con muy pocas habilidades interpersonales, creando en los individuos un ideal falso respecto a cómo afrontar situaciones de pareja reales.
El aumento en las tasas de divorcio deja a los individuos más jóvenes sin un referente real de una relación de pareja estable, por lo cual, los adultos deben hacerse responsables de los tipos de comportamientos asumidos delante de sus hijos para que desarrollen un manejo de la frustración adecuado y métodos de afrontamiento que permita desarrollar en ellos parámetros reales sobre el tema de parejas.

Dada la cantidad de información recibida por un niño o un adolescente actual, toma importancia la ciencia de la psicología para el desarrollo de habilidades sociales y personales que orienten a las generaciones de futuras parejas respecto a los métodos y problemáticas que pueden enfrentar, aumentando la tasa de futuro éxito y desarrollo pleno de los mismos.

Todo este proceso de influencia del yo perfecto y su pareja perfecta se produce de manera inconsciente y da como lo resultado una atracción primaria de un individuo a otro. Con el pasar de atracciones y relaciones, el individuo genera aprendizajes que conllevan a volver más clara su imagen de yo ideal, y por tanto, también la imagen de pareja ideal.

Alrededor de los 18 a 20 años, finalizando la adolescencia, el yo real del individuo se vuelve más claro, pues su personalidad y preferencias se hacen más compactas y menos volátiles que durante la epata anterior. Sus experiencias basadas en el ensayo-error lo llevan a pulir su yo ideal y su concepto de pareja ideal. La atracción evoluciona hacia ciertas características de personalidad que se convierten en prerrequisitos para empezar una relación de pareja estable.

Esta evolución respecto al tipo de pareja a escoger también se ve influenciada por el tipo de ambiente en el cual está inmerso el individuo durante esta etapa. Será distinta la pareja ideal para un individuo que continúa sus estudios superiores, pues conocerá dentro de la academia varios tipos de personas, de disciplinas diferentes, y ampliará su concepto de pareja ideal.

Un individuo que entra en el mercado laboral cambiará su perspectiva de pareja ideal dependiendo del ambiente y el tipo de trabajo que desarrolle, pues adecuará sus posibilidades y por tanto el tipo de pareja adecuada para sí mismo.

Un individuo que además de entrar al mercado laboral sigue evolucionando intelectualmente, buscará una pareja con afinidades y cuyo yo ideal sea compatible con el suyo, en constate evolución.


La pareja ideal por tanto, es una construcción cognitiva sujeta a cambios. Es importante recordar que la influencia de la imagen de perfección no desaparece en ninguna etapa de este proceso de selección. Debido a lo anterior, es importante que el individuo tanta la capacidad de entender que la pareja ideal no existe, pero puede existir una persona que cumpla con los requisitos necesarios para llevar una relación constructiva, cálida y satisfactoria.

Finalmente, una de las relaciones de pareja madura y se convierte en una unión para formar una familia. Sin embargo, es importante recordar que las parejas, por bien conformadas que se encuentren, no serán totalmente compatibles, pues son dos individuos diferentes con un proyecto de vida en común. Como todo proyecto, no está exento de fallos y cambios evolutivos dependientes de factores tanto internos como externos.

Una vez formada una pareja real, y superados los 3 primeros meses de relación identificados como la etapa de enamoramiento, la atracción baja de su punto máximo y los individuos se enfrentan a la tarea de la aceptación del otro y la adaptación de comportamientos para una sana convivencia. Suele ser la etapa más difícil dentro de la conformación del proyecto de vida conjunto porque representa enfrentar factores tales como los imaginarios sobre pareja, que incluyen los comportamientos considerados como ideales en un esposo o esposa, los modelos parentales sobre comportamiento, como en el caso de la forma de organizar las rutinas dentro de la relación, y las habilidades de cada individuo que incluyen la comunicación asertiva, la resolución de conflictos, el manejo de la frustración, la resiliencia, etc.

La aceptación y normalización de cierto tipo de comportamientos nocivos puede generar más adelante problemas en la pareja. Un ejemplo claro se produce cuando se acepta cualquier tipo de violencia física, económica, sexual, relacional o de género. El hecho de considerar al otro como una propiedad sujeta al uso a voluntad y moldeable a los gustos propios, en vez de considerarse una persona en constante evolución, genera malestar físico y emocional obteniendo como resultado rupturas, divorcios, depresiones e incluso suicidios.

Otro factor observado es que algunos individuos escogen su pareja anteponiendo los conceptos de pareja adecuada de su entorno a los conceptos propios. Es así como muchos individuos mantienen una relación de pareja basada en conceptos como “es buen padre/madre”, “es fiel”, “es responsable”, etc. Mantener una relación de pareja basándose en el concepto de que el individuo o su pareja está desarrollando un rol correcto conlleva a los individuos a permanecer en constante conflicto entre lo que lo hace sentir satisfechos y lo que consideran como una obligación a nivel social.



Una pareja real tiene una mayor tasa de éxito en su relación cuando sus individuos poseen conocimiento de sí mismos y trabajan en pro de adquirir herramientas necesarias para el manejo de diversas situaciones.

De igual forma, los individuos que aceptan terminar con una relación por incompatibilidad de preferencias o intereses, y lo toman como parte de su aprendizaje convirtiéndolo en una experiencia constructiva, tienen una mayor posibilidad de encontrar una pareja real que se aproxime más a su pareja ideal.

Una vez hecho el análisis se puede llegar a concluir que no existen parejas ideales, pero que bajo las condiciones personales y relacionales adecuadas, existen parejas que se impulsan y construyen como individuo, y cuyo proyecto de vida pude considerarse un modelo exitoso y productivo.

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