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El niño interior y los temores

El niño interior y los temores

Los miedos o temores del adulto presente son la sombra de realidades y situaciones traumáticas o poco gratificantes de la niñez, que nunca se resolvieron y quedaron ancladas en la parte inconsciente del cerebro que, en la actualidad, se activan y reproducen constantemente cuando la persona se expone a situaciones o acontecimientos emocionales que detonan esos temores escondidos.

Ahora bien, el niño interior y los temores se sincronizan constantemente al exponerse la persona a situaciones que requieran de gallardía, riesgo, valor o la toma de decisiones rápidas, pues en su infancia posiblemente sus padres, maestros o personas adultas del entorno no le permitían expresarse con libertad, aportar sus opiniones o participar de conversaciones entre los adultos, situaciones que le castraron las posibilidades de la libre comunicación, participación y aportación de valores y experiencias personales al grupo social.

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¿Cómo se manifiestan los temores en la vida actual?
En la actualidad se presentan estos temores o miedos inconscientes en muchas situaciones de la vida diaria. A continuación, enumeraré solo cuatro de diversos temores que aquejan al adulto del presente.

Temores más recurrentes en la vida actual:
1. Temor a hablar en público.
Generalmente la persona en cuestión siente que no es capaz de hacerlo, que si lo hace lo va a hacer mal, que las otras personas se le van a burlar o reír en la cara, que va a hacer el ridículo por lo cual le sudan las manos, se pone fría o se le sube la temperatura corporal, en ocasiones siente que se va a “morir”, entre muchos otros síntomas.

2. Temor al fracaso.
El miedo excesivo al fracaso se evidencia frecuentemente en personas que les cuesta tomar decisiones, iniciar un nuevo negocio o proyecto de vida, también en situaciones que donde el afectado tiene que responder a otros por su trabajo o acciones. Es muy evidente en personas que trabajan bajo presión, se angustian, se bloquean emocionalmente y la incertidumbre les envuelve.

3. Temor a las relaciones afectivas o de pareja.
En este basto mundo del niño interior y los temores, nos encontramos con personas que les cuesta demasiado tener o sostener relaciones afectivas o de pareja, situaciones que repercuten como un eco profundo en otras facetas de su vida, especialmente en las relaciones sociales. Generalmente, estas personas en su niñez vivieron de cerca el constante desacuerdo de sus padres en la relación de pareja, quienes discutían y se agredían constantemente ente ellos, y siendo niños hicieron una primera configuración sobre las relaciones de pareja y crecieron con esa idea primaria sobre la vida de pareja, y en su vida actual se evidencia por la dificulta de conseguir una pareja estable. Tienen una puerta giratoria en su parte emocional porque entran y salen de varias relaciones de pareja, donde las diversas personas que pasan por sus vidas les dejan cada vez más vacíos y poco motivados para establecer relaciones armoniosas y duraderas.

4. Temor a dios o al más allá.
En consulta diariamente me encuentro con personas que están llenas de temores irracionales e ilógicos, desde mi punto de vista, más cuando profundizo en la escucha activa, empatía y análisis del caso descubro el origen de dichos temores que para ellos son lógicos y racionales.

Cuando yo estudiaba Filosofía un día escuché a un gran maestro decir que “lo peor que le podía pasar a un niño era nacer en una familia fanática y religiosa”. Esa expresión me molestó mucho ya que en ese tiempo yo era muy religioso y desconocía por completo el pensamiento crítico, filosófico, analítico y amplio de la ciencia.

Uno de los temores más grandes que tienen los seres humanos es a Dios y al más allá. Los Latinoamericanos nacimos en familias muy religiosas donde su principal preocupación no era darle afecto y amor a los hijos sino enseñarles a hacer buenas personas para la sociedad y para el cielo porque “los buenos se van al cielo y los malos al infierno” (suelen decir los padres y abuelos a sus descendientes), creencias que han destrozado emocionalmente por centenares de años a las personas de estos pueblos, quienes no viven sus vidas, por vivir las vidas de sus antepasados, siéndoles fieles a sus creencias y a las amenazas sobre dios, el diablo y el más allá.

Es tan rentable el miedo a dios y al diablo, que las religiones locales se lucran de la ingenuidad y temor de las personas al venderles membresías celestiales y falsas esperanzas de una vida sin castigos.

¿Cómo salir de esa terrible alianza del niño interior y los temores?
Suena morboso y feo lo de la alianza del niño interior y los temores, como si fuera consciente e intencional, pero no es así.

Cuando éramos niños y nos vulneraban nos sentíamos indefensos ante ciertos acontecimientos o situaciones donde no nos permitieron tener el control, porque nuestros padres nos consideraron inútiles e incapaces para actuar. En esos momentos los grabamos inconscientemente en nuestras vidas como verdades absolutas, es de ahí que yo llamo a esto como la alianza ente el niño interior y los temores.
Ahora bien, para salir de dichos temores es necesario encontrar los recursos y herramientas adecuadas para liberarte por completo de ellos.

Zapatero a tus zapatos. Reza al adagio popular.
Si tus temores son de orígenes religiosos o de creencias en dios el peor lugar para liberarse de ellos es una iglesia o lugar del culto religioso. Por ello, hay que buscar otros recursos que sean totalmente diferentes u opuestos a aquellos que te generan miedo. En ese orden de ideas, puedes buscar ayuda en los siguientes recursos o profesionales para liberarte de tus temores.

Recursos para sanar el niño interior:
1. Psicoterapia.
a. Terapia Regresiva Reconstructiva.
b. Terapia Gestalt.
c. Hipnosis clínica.
d. Terapia cognitivo-conductual, etc.

2. Elementos de autoayuda.
a. Meditación.
b. Programación Neurolinguística (PNL).
c. Constelaciones familiares.

Los primeros son los más adecuados para situaciones traumáticas, severas y de difícil intervención, los segundos para situaciones superficiales o poco profundas que no requieran de la presencia de un Psicoterapeuta calificado en las áreas de la psicología clínica, psicoterapia o psiquiatría.
Cuando tu niño interior está sano el adulto que eres está equilibrado y feliz.

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