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Pastor Garcia

Hoy cumplí 45 años y estoy vivo

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Hoy cumplí 45 años y estoy vivo.

Hoy cumplí 45 años y estoy vivo, es mucho decir y casi un milagro en Colombia estar vivo a los 45 años y poder contar la historia, se los dice alguien que sobrevivió a un secuestro, estuvo en medio del fuego cruzado y vivió para contarlo.


Hoy siendo las 5 en punto de la mañana me despertó el teléfono, al otro lado del océano era ya medio día, un buen amigo desde Israel llamaba para felicitarme y desearme un feliz cumpleaños, deseándome todo tipo de bendiciones y buenos deseos en este nuevo año de vida que celebro hoy.

 

Después de hablar un buen rato y recordar hermosas vivencias del pasado y de nuestra juventud, procedí con un poco de meditación para aprovechar el silencio de la mañana y poder centrar mi atención en mí mismo y reflexionar sobre mis 45 años de vida.

 

Una vez termine de meditar y dar gracias a la vida por esta nueva oportunidad, salí a caminar en una fresca mañana, con la compañía de hermosa música clásica que escuchaba mientras caminaba entre los verdes árboles del bosque y una ligera niebla que también me acompañaba, el paisaje se hacía cada vez más claro en la medida en que iba amaneciendo y el día se abría paso entre las tinieblas, que armonizaban mi imaginación, integrándose a las diferentes sinfonías que escuchaba, de la mano de Béla Bartók, Richard Wagner, Giussepe Verdi, Johannes Brahms entre otros de los grandes músicos de la historia, que acariciaban mi alma con sus melodías.

 

Caminaba placenteramente entre los árboles del bosque contemplando el día, a la vez que pensaba y reflexionaba sobre mí mismo en esta vida, en esta tierra, y en Colombia, hermoso país donde nací, que amo y que respeto con toda mi alma, aunque la guerra y diferentes situaciones sociales me hacen temer por mi vida, la de mi familia, amigos y demás conocidos porque, aun siendo colombianos, en ningún caso participamos de ningún frente político ni ideológico que nos pongan en el mismo nivel de los que hacen la guerra y siegan las vidas y esperanzas de otros.

 

Hoy cumplí 45 años y estoy vivo en un país que está perdiendo la esperanza y la fe en los demás, que está perdiendo su idiosincrasia por la guerra, la tecnología, la adaptación de costumbres extranjeras, sobre todo, por el fenómeno de la migración de hermanos venezolanos que usan este país como paso a otros o de residencia temporal; cuya presencia es grata y amenazante a la vez, pues los empresarios deshonestos los usan y los abusan laboralmente y son motivo de lágrimas de los nativos colombianos quienes son despedidos injusta y perversamente de sus empleos para otorgárselos a hermanos venezolanos que les reemplazan por un sueldo dos o tres veces menor al que ganaba el profesional colombiano.

 

Hoy cumplí 45 años y estoy vivo, mas no satisfecho en este país donde hace poco se firmó la paz con uno de los grupos guerrilleros más complejos de América Latina y, sin embargo, la guerra continúa; no es seguro salir a la calle porque temes por tu vida y la de los tuyos; continúan secuestrando y asesinado mujeres, niños, ancianos, extranjeros y personas de bien; no es el país que muchos soñamos y añoramos, pues todo se oscurece y deteriora con la poca fe que tenemos en nuestro país.

 

A pesar de esas vicisitudes aquí estoy cumpliendo 45 años, feliz por estar vivo y a la vez asustado pues la sensación de angustia e incertidumbre producidas por el secuestro que sufrí en el 2001. Vuelven a aparecer ante el escenario de secuestros, extorsiones, robos, asesinatos y demás elementos de la guerra que opacan la hermosura de la paz deseada por los colombianos.

 

Hoy cumplí 45 años y estoy vivo, gracias a la vida y gracias a las personas que me aman, cuidan y protegen. Espero que algún día exista la paz en este país y poderle decir a mis amigos extranjeros vengan a visitarnos y a disfrutar de nuestra bellezas culturales, artísticas, humanas y naturales  que, por ahora, no podemos contemplar por los peligros de la guerra. Así que, queridos amigos extranjeros, por seguridad no vengan a Colombia aquí su vida corre peligro.

 

Seguiré caminado escuchando a Béla Bartók, Richard Wagner, Giussepe Verdi, Johannes Brahms entre otros, mientras me reinvento nuevas formas de consolar a mi familia, clientes, pacientes y amigos en este valle de lágrimas.

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