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La culpa y el niño interior

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La culpa y el niño interior

En el ámbito emocional, la culpa es como un veneno que va matando lentamente a quien la experimenta cuando esta es persistente.
Accidentalmente fuimos contagiados por las ideas religiosas que ven en la culpa el perfecto camino a la redención o ascensión al cielo.

Hoy hablar de la culpa y el niño interior es como hacerlo de una disputa entre el odio y el amor, un enfrentamiento entre la fuerza de las creencias religiosas, sociales y culturales aprendidas y el libre razonamiento y autodescubrimiento personal.

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La culpa busca castigo

Las personas que viven inmersas en la culpa y que han hecho de ella un hábito de vida constantemente se les ve buscado autoflagelarse o que terceras personas les castiguen por lo que ellas consideran deben pagar o ser castigadas.
En el caso del niño interior la culpa se presenta como una turbulenta nube oscura y espesa que le impide al salir a jugar con el adulto, reconfortarlo y enseñarle la sencillez de la vida. Pues al estar pendiente de un castigo muy merecido, para poder ir al cielo cuando se muera, se vive aquí en un constante infierno donde la vida carece de sentido y pertenencia para continuar.

Una persona que continuamente se siente culpable, se autoflagela o se infringe dolor con el fin de redimir su alma y poder descansar en paz en la “otra vida”. Ese castigo no necesariamente es físico, la gran mayoría de las veces es emocional.

En estos días llamados santos por los cristianos católicos, en la celebración de la semana santa, las personas más religiosas experimentan con mayor rigor la culpa, pues las oraciones, sermones, cantos y predicaciones hacen alusión al pesar, tristeza, dolor y culpa que tienen los humanos al haber llevado a Jesús a la muerte en la cruz y, en lugar de alegría y gozo, las personas religiosas experimentan miedo e incertidumbre por la muerte de un ser divino, situación que convierte el ambiente en un polipsiquismo, que desborda o proporciona incidentes o accidentes en las personas que vibran en ese nivel de pensamientos frustrantes y decadentes, donde la culpa es la protagonista.

La culpa detiene y bloque al progreso del adulto del presente

La culpa es tan densa que fuera de opacar la visión del niño interior y distorsionar la realidad, también bloquea y detiene el progreso en la vida presente del adulto. Por eso es importante descubrir su origen o raíces para destruirla y sacarla de la vida de quien la padece.
Ahora bien, para eliminar la culpa existen muchos métodos y medios tanto religiosos como de autoayuda y terapéuticos, siendo estos últimos los más adecuados para su abordaje y posterior eliminación o transformación. Desde mi experiencia, siempre recomiendo tratarla desde el niño interior, sanando tu niño interior puedes eliminar con facilidad la culpa y todas sus cargas energéticas y emocionales que te habían dañado la vida.

La culpa enferma el alma y el cuerpo

Al ser una emoción muy fuerte, llevada por muchos años envenena tu mente y termina enfermando tu cuerpo, al somatizarse en tu cuerpo físico vas a quedar a su merced y si no haces nada al respeto por sacarla de tu vida ella terminará llevándote a la tumba.

¿Cómo tratarla o eliminarla?

Ya había comentado que una de las mejores maneras de tratarla o eliminarla es sanando el niño interior. Cuando tu niño interior se encuentra sano, tú también lo estarás, porque sanar el niño interior es sanar el alma, el espíritu (o como quieras llamarle a esa parte intima de ti) donde se guarda todo lo bonito, ocultándolo a los ojos del dolor.

Sanar el niño interior es relativamente fácil si se cuenta con los recursos necesarios y adecuados para dicho tratamiento, en mi caso personal y profesional recomiendo la Terapia Regresiva Reconstructiva (TRR) como medicina que sana el alma y sana tu niño interior.
La Terapia Regresiva Reconstructiva va al fondo y raíz del problema y lo sana definitivamente de una vez y para siempre.
Libérate de la culpa y se feliz pues tu niño interior tiene derecho a sonreír.

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