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Empatía la Zona Gris

Empatía la Zona Gris

Empatía es un término muy usado tanto a nivel terapéutico como en otras esferas de la vida diaria. Aun con este uso constante, son pocas las personas que pueden definir este complicado concepto, y que con bastante frecuencia es confundido con la compasión.

En las relaciones de pareja, es bastante común detectar que muchos de sus problemas tienen como raíz la mala comunicación, pero, ante todo, la falta de empatía definida como la capacidad de entender al otro de manera honesta, humilde, tolerante, aceptando al otro con sus fortalezas y debilidades, y sin buscar un beneficio propio de por medio.

Una de las características que se encuentra en las parejas en conflicto es el prejuicio. Querer imponer mi posición respecto a la posición del otro, o en su extremo, aceptar la posición del otro anulando la propia, conlleva a las parejas a entrar en una constante competencia consigo mismos y con sus modelos preestablecidos sobre lo que “debería” ser una pareja ideal.

El prejuicio impide entender al otro desde la honestidad, pues pone una barrera desde antes de ejercer la empatía, obligándonos a tomar partido por nuestras propias ideas y limitantes. Estos procesos no se hacen de manera consciente, por lo cual, si no se tiene un conocimiento propio, difícilmente se puede tener un conocimiento del otro de una manera objetiva.

Las conductas empáticas, mas allá de una simple teoría o una habilidad, demandan un crecimiento desde el interior hacia el exterior, pues aquel que no se conoce, no se respeta, y no es honesto consigo mismo, no logra la conexión empática necesaria para trascender hacia el otro.



Debido a que las relaciones de pareja exigen mantener una estrecha intimidad con otro ser humano, las dinámicas de pareja sanas son aquellas que logran mantener su empatía constante, pues el ser humano con el cual se empezó una relación no es el mismo hoy que hace 1, 3, 5 o 10 años antes. Las nuevas experiencias, incluyendo formar una pareja o una familia, cambian a quienes participan de estas dinámicas. Si bien es cierto que es normal sentir idealización por la pareja y polarizarse al ver sus defectos, hacer la integración para ver al otro empáticamente es una de las barreras mas altas a superar cuando de mantener una relación sana se trata.

empatia pastor garciaCuando una pareja entra en conflicto, pueden aparecer personajes que muestran empatía funcional, y que es confundida con mucha facilidad con la empatía autentica. Si existe un interés de por medio, las crisis en una pareja se convierten en un caldo de cultivo prospero para personas acostumbradas a sacar partido de las crisis, mostrando esta falsa empatía. Debido al nivel de daño emocional y a la turbulencia de sentimientos, se puede llegar a confiar en personas que no conocemos, y perder la objetividad sobre la “ayuda” que nos están brindando, haciéndonos caer en el error de abrir nuestra mente y sentimientos a personas “perfectamente desconocidas”.

La humildad y el orgullo son dos conceptos muy nombrados en la vida cotidiana, pero de igual manera mal manejados en la vida de pareja. La empatía exige que exista humildad, no desde el concepto de aceptar incondicionalmente al otro anulándome a mi mismo para ser complaciente, sino desde la perspectiva de no ser mas ni menos que el otro, respetando tanto la integridad de uno mismo como de la pareja. El orgullo, se maneja de manera errónea cuando es usado no para mantener los límites de satisfacción del otro, sino para oprimir a “mi oponente” mediante batallas en las cuales yo siempre tengo la razón. Ejemplos claros de este comportamiento son las polarizaciones de movimientos machistas o feministas cuyos modelos son hacer ver a uno mejor que el otro en vez de hacerlos ver como son en realidad, diferentes.

La aceptación por su parte es una conducta difícil de aplicar en las parejas en los cuales sus miembros temen aceptarse a si mismos con todo lo que esto conlleva implícitamente. Aceptar que podemos equivocarnos, que tenemos logros que festejar, que la vida no es una línea recta sino una aventura de ensayo y error puede provocar crisis profundas en los individuos. Así mismo, quienes tienen la capacidad de aceptarse y aprender a manejar sus debilidades y cultivar sus fortalezas, son menos destructivos con sus críticas y más hábiles para aceptar las cosas que pueden ser cambiadas y las que hacen parte de la naturaleza de su ser amado.

La tolerancia es una practica muy saludable en las parejas, siempre y cuando no se caiga en el extremo de soportar situaciones que produzcan daño a los demás y a nosotros mismos. Las relaciones de pareja sanas conllevan un alto nivel de tolerancia, pues es lo que les permite avanzar en su proyecto de vida, ya no solo como individuos, sino como una empresa solidaria en la que los dos socios son importantes para el crecimiento de esta. Sin embargo, el exceso de tolerancia lleva al fracaso del proyecto de vida de la pareja, ya sea porque uno de los miembros mantiene el control mayoritario o total de las situaciones, o porque la otra parte sobrecarga a su pareja de responsabilidades apelando a este tipo de mala tolerancia.

Cuando se habla de la gratitud como manera de desarrollar la empatía, aparece otra zona gris en el panorama. La gratitud debe ser una filosofía de vida que permita disfrutar lo que tenemos y sentirnos menos afectados por lo que no tenemos, y una muestra de afecto y aprecio hacia los esfuerzos que hace la pareja para mantener saludable la relación. Cuando la gratitud se convierte en una exigencia, porque “agradece que eres algo gracias a mí”, la empatía se rompe de manera inmediata, pues se convierte en avaricia por parte del miembro dominante y un foco de resentimiento y tolerancia excesiva por parte de quien es dominado. No es posible ser empático en una relación si se esta muy arriba de otro, o muy por debajo de este.

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Entablar una relación de pareja es un acto de fe. Ideal sería conocer a nuestra pareja de manera objetiva, pero como sujetos, estamos en constante cambio, no siendo posible planear todo tipo de situaciones ni estar preparados para cualquier “emergencia”. La fe, mas allá de los conceptos religiosos tradicionales, es la capacidad de persistir ante situaciones negativas, convirtiendo este tipo de eventos en situaciones de crecimiento tanto personal como familiar. Ser cínico y recalcitrante respecto a una turbulencia en una relación no construye ninguna solución. No es posible ser empático cuando se esta buscando culpables en vez de soluciones.

La esperanza por su parte es lo que permite al ser empático entender que por difícil que se presente una situación, por negativo que sea el sentimiento, o por turbulenta que sea una emoción, todo puede tener una posible respuesta para solucionarlo. La empatía practicada de manera correcta nos lleva a entender al otro no desde mi estructura, sino desde la estructura de quien solicita nuestra empatía. El solo hecho de ser empático con otro, mas si es con nuestra pareja, ya conlleva un símbolo de esperanza y un faro guía para encontrar una respuesta.

Pero quizás, de todos los puntos tratados, la zona mas gris de la empatía es el perdón. Ante situaciones concretas, todas las personas tienen un concepto distinto respecto al límite del perdón. En las relaciones de pareja, muchos conflictos se generan porque ante un error cometido por uno de ellos, el otro aplica un falso perdón que no le permite liberarse y desanclarse de la situación problema. Si se aplica el perdón de una manera mas saludable, sin llegar al limite de perdonar todo sin que existan compromisos y cambios, tanto propios como de mi pareja, la energía utilizada en reclamar y recordar eventos dolorosos del pasado puede ser utilizada para construir y aportar metas saludables que se reflejen en el éxito y felicidad de los miembros de la pareja.

En conclusión, la empatía mas allá de un simple concepto, teoría o método, es una filosofía de vida que exige mantenerse en zonas grises donde existe la ambivalencia. No es posible ser empático si las barreras propias no son primero conocidas y derrumbadas, para darle paso a un entendimiento honesto, humilde y tolerante del otro. No existe la empatía en aquel que buscar la satisfacción de sus necesidades antes que las de otros, sea de manera consciente o inconsciente. Las relaciones de pareja sanas poseen miembros empáticos, no por la ausencia de conflictos, sino por el manejo correcto de ellos, con la aceptación de que caer en los extremos nunca será la solución para crecer y fortalecerse.

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